Desastres paisajísticos, ambientales y sociales en Ecuador: La caída de la Cascada de San Rafael, la erosión remontante y el derrame que le siguió.

Geógrafo Juan Morán Sáez, Ph.D. Universidad Complutense de Madrid

Resumen

Los procesos erosivos en el Oriente Ecuatoriano son de los más poderosos del mundo. Esto es debido a una orogénesis activa en los Andes, con unas montañas jóvenes que generan un gran diferencial gravitatorio; a un vulcanismo activo y continuado que proporciona materiales deleznables; a una dinámica hidrogeológica extremadamente convulsa; a unos ríos con enormes cargas sedimentarias; a unas precipitaciones enormes y torrenciales; a una herencia del ciclo de Irion en las características hidrosedimentarias del Holoceno; y finalmente, a una pésima gestión de infraestructuras, que ignoran las dinámicas geomorfológicas, desatan procesos geomorfológicos y destruyen las dinámicas y los equilibrios hidrogeológicos. Estos hechos combinados llevan a la destrucción de cauces, a la modificación del paisaje y a desastres “naturales” con origen antropogénico. En el caso de la Cascada de San Rafael, el proceso geomorfológico fue dinamitado por la construcción de una presa aguas arriba. Esto provocó la desestabilización de la dinámica erosivo sedimentaria de una gran cascada y su rotura por su sección proximal, algo inaudito en la dinámica de una cascada. La situación de poliductos en una zona vulnerable y cercana al inicio del proceso de erosión remontante fue ignorada y cuando el proceso llegó a las tuberías se produjo un derrame mayor, con enormes consecuencias medioambientales, sociales y de salud pública.

Introducción

Los procesos geomorfológicos son los responsables de modelar el relieve sobre el que se desarrolla la actividad biológica y humana. Los elementos bióticos y abióticos se dan de la mano con la acción antrópica para generar paisajes que reconocemos como nuestros, en tanto en cuanto somos parte integral de los mismos. La biota y los humanos intervienen en los procesos geomorfológicos, y viceversa, produciendo el paisaje. La Geomorfología puede diferenciarse en Climática, cuando responde a las características del clima sobre la superficie de la tierra, y dinámica, cuando responde a las características propiamente físicas. En el primer caso, las dinámicas climáticas y bioclimáticas producen unos relieves característicos, que se han definido y calificado mediante los distintos dominios morfoclimáticos. Estos dominios morfoclimáticos varían en el tiempo, de modo que pueden rastrearse en los relieves relictos para inferir las formas del clima de épocas pasadas. En el caso de la geomorfología dinámica, la aproximación es más física, interviniendo de modo fundamental los elementos hidrogeológicos, las acciones gravitatorias, las formas estructurales o los releves diferenciales, entre muchos otros.

El agua es el principal agente morfogenético. Ignorar esto es ignorar la base misma de la caracterización de ese cincel que modela el territorio. Los ríos y las formas fluviales en el Oriente ecuatoriano son de enorme una prevalencia, ya que son los elementos transformadores del paisaje, que junto con el vulcanismo, deben ser tomados con extrema seriedad. La construcción de cualquier infraestructura en sus lechos o llanuras de inundación debe ser estudiada y repensada, antes, durante y después de su ejecución. Cualquier elemento de riesgo para los cauces o las personas (para el paisaje) que se quiera construir debe ser cuidadosamente analizado, ya que de lo contrario pueden ocurrir, y de hecho ocurren, fenómenos muy lamentables que en ningún modo pueden considerarse naturales, sino antropogénicos.

Historial del relieve

La Cascada de San Rafael, en el río Quijos-Coca, formaba parte de un conjunto geomorfológico de carácter hidrosedimentario denominado Megaabanico Aluvial del Pastaza-Napo. Este abanico aluvial supera los 100,000 km2 y es uno de los pocos megaabanicos que se encuentran en funcionamiento en la actualidad. La mayoría de ellos han funcionado en otros momentos (en tiempos geológicos). La cascada, de unos 150 metros de caída, fue producida por el represamiento del sedimento por una lengua de lava procedente del cercano volcán Reventador hace aproximadamente 8000 años. Esta lengua cruza la quebrada sobre la que se instaura el cauce. Al llegar a ella, se genera un knickpoint, un punto de anclaje del cauce y un represamiento del mismo. Durante los procesos geomorfológicos sucedidos desde el comienzo del Holoceno, los sedimentos provenientes de los Andes han aumentado su cantidad, aterrando efectivamente amplias secciones de sus cauces. Los grandes procesos hidrogeológicos tienen un período de recurrencia, es decir, una determinada cantidad de años en los que se repiten, que puede contarse en siglos o milenios. En el caso de los grandes procesos de ladera y fluviales del contexto erosivo sedimentario del Megaabanico del Pastaza, se ha comprobado que han sido los ciclos glaciales, los picos del Último Máximo Glacial y los enormes deshielos subsiguientes, los que desestabilizan las dinámicas, produciendo enormes avalanchas de escombros o produciendo súbitos y extraños comportamientos de los regímenes fluviales. La deglaciación y consecuente generación de estos procesos en las laderas orientales de los Andes Ecuatoriales se produjeron en su mayoría hace entre 18.000 y 9.000 años. Los procesos sedimentarios son consecuentes con el Ciclo de Irion: cuando los Andes están congelados, los procesos vinculados al agua como principal agente morfogenético, también se encuentran congelados. Cuando se inicia un período interglacial como el actual, la erosión, el transporte y la sedimentación a lo largo de todo el Amazonas, y especialmente en las laderas orientales de los Andes se desata y se generan esos grandes eventos geomorfológicos. Sin embargo, en la actualidad existen procesos, que aunque a menor escala, nos recuerdan la importancia del clima y la acción humana.


El deshielo del Pico de la Monja en el Altar en 2000, por ejemplo, fue un proceso de ladera desatado por la desaparición del casquete glacial sobre las brechas de la cima: una partícula relativamente grande se desestabilizó y cayó sobre la laguna, generando un mud flow de grandes dimensiones. En otros casos, como en 1993 en el río Paute, la minería descontrolada taponó el río, y la acción posterior de la erosión produjo una enorme desestabilización sedimentaria. En este caso, además hubo que lamentar muertes a los daños materiales.

Los eventos geomorfológicos mayores están asociados a grandes cambios en las dinámicas hidrosedimentarias. Se producen como consecuencia de la pérdida de equilibrio de las dinámicas. Son procesos de largo alcance, que generan formas del relieve en períodos de tiempo, que como el caso que nos ocupa, son de miles de años.

Antes y después de la Cascada San Rafael

El derrumbe de la Cascada de San Rafael

Una cascada , cualquier cascada, tiene una forma concreta de ir retrocediendo y cediendo. Es un elemento clásico de la dinámica fluvial que retrasa la erosión remontante. En su sección anterior pueden acumularse sedimentos por la menor velocidad del cauce, pero en su sección distal, es decir, donde el agua se acelera para caer, se produce un aceleramiento del flujo y una diferenciación de las partículas en suspensión, en saltación o en arrastre, que generan la erosión del frente y su retroceso. En palabras llanas, cualquier cascada en equilibrio va liberando pedazos de la zona desde la que cae el agua, retrocediendo lentamente.

La cascada de San Rafael, sin embargo, no cayó así. En completa desconexión con su dinámica y morfología, fue la sección de acumulación sedimentaria la que se viene abajo el día 2 de febrero de 2020. Un desplome por implosión insólito. Observando el cercano Volcán Reventador, cabía preguntarse si un aumento del sedimento en el cauce habría generado quizá un desplome del frente de erosión, pero eso no fue así. Lo que se había desplomado era la sección de acumulación, la fase de aterramiento de la cascada en su represamiento del cauce.

La evidencias apuntaban a la presa Coca Codo Sinclair. Desde hace siglos, los ingenieros, geólogos y geógrafos hemos sabido de la importancia de mantener las dinámicas sedimentarias durante la construcción de presas, pero no solamente. Cualquier obstáculo en forma de infraestructura o interacción en los cauces, llanuras de inundación o formas fluviales es considerado. Resulta de vital importancia conocer qué le ocurrirá al río una vez se instale la infraestructura, tanto aguas abajo como aguas arriba. No hacerlo así ha provocado a lo largo de la historia una cantidad de desastres y eventos destructivos que es una tarea fútil tratar de nombrarlos todos

Las dinámicas fluviales de la región y del río Coca-Quijos son conocidas, con abundante blibliografía al respecto desde los años 70. Son ríos intensos, violentos, caudalosos, anastomosados, de aguas blancas extremadamente dinámicas. El contexto es de torrencialidad en las precipitaciones cuasi monzónica sobre materiales volcánicos poco consolidados, con enormes pendientes que generan aún más potencial gravitatorio y capacidad erosiva. La comunidad científica conoce que en los ríos que desaguan las quebradas volcánicas cualquier infraestructura debe adecuarse a las características propias de las cuencas. En prácticamente todos los documentos científicos se refiere el riesgo al que están sometidas las infraestructuras regionales y siempre se ha incidido en la necesidad de revisar las dinámicas sedimentarias y erosivas no sólo sobre las nuevas infraestructuras, sino también en las que ya se encontraban construidas. Existe abundantísima documentación científica acerca de aterramientos de presas y su relación con la sedimentación aguas abajo. Se debe poner atención en la repetida bibliografía que señala los peligros en la alteración sedimentaria, que produce desecamiento, erosión subsuperficial, resquebrajamiento y en general, debilidad ante nuevos aportes erosivos.

Las Causas del derrumbe

Durante ocho mil años, el sedimento que bajaba por el río Coca-Quijos igualaba al que era evacuado por el frente de erosión de la Cascada de San Rafael. La infraestructura de la Coca Codo Sinclair condenó a esta dinámica. Una vez retirado parte del sedimento por la intervención en el cauce, por medio del aterramiento, de cubetas de decantación y de la pérdida de energía aguas arriba producto de esta infraestructura, el agua comenzó a socavar el sedimento acumulado, buscando desaforadamente recuperar el equilibrio. Para ello sobreexcavó la sección anterior, produciendo erosión subsuperficial, agrietamiento, debilitamiento y el consecuente desplome. Un proceso natural que hubiera llevado miles de años, con mediciones en eras geológicas que conllevarían el cambio en las dinámicas climáticas del Cuaternario, tardó en producirse seis años. Este evento geomorfológico no tiene un origen plenamente natural, ya que su causa, como evidencian las formas del relieve que resultan del mismo, se produce por el hurto del sedimento aguas arriba de su cauce. Este proceso destruyó por completo un importante elemento del paisaje natural que era patrimonio no sólo de todos los ecuatorianos, sino de la humanidad en su conjunto.

La erosión remontante

La erosión remontante se detonó en el momento en el que la cascada desaparece. El río, determinado a reducir la pendiente producida, se encontró liberado de cualquier punto de anclaje en su cauce. El flujo, debido al diferencial gravitatorio, se aceleró, arrastrando consigo el material que había sido sedimentado por la acción de la cascada. Esto acelera aún más el proceso, ya que el agua se encuentra con una cantidad de sedimentos (en disolución, en suspensión, en saltación, en arrastre) mucho mayor, que en estas condiciones de liberación del flujo produce una erosión remontante ferocísima. El río buscará por todos los medios recuperar su equilibrio angular. Esto sólo puede pararse de dos maneras:

Una, el río continua con la erosión remontante hasta acabar con el material deleznable del fondo, continua en erosión aguas abajo, determina un nuevo cauce y vuelve a un equilibrio erosivo-sedimentario. Esta manera puede tardar muchos años en darse, y acarreará grandes procesos geomorfológicos. Cualquier infraestructura en su lecho corre grave riesgo de destrucción. Cualquier intervención para frenarlo, con la fuerza y la capacidad de excavación en este punto, es, por decirlo suavemente, inocente, ya que existen de forma efectiva 150 metros de profundidad de sedimento en un tramo de más de quince kilómetros. La infraestructura destinada a pararlo no puede ser financiada. Se trataría de una obra de dimensiones colosales, fuera del alcance de cualquier consideración.

Dos, el río frena su dinámica al encontrar un nuevo kinkpoint o punto de anclaje. Esto podría darse a la altura del río Malo (o incluso por debajo del Montaña), ya que algunos estudios han determinado la existencia de lenguas basálticas que podrían generar una nueva cascada y el consiguiente freno a la erosión remontante. Este fenómeno podría ser más rápido que el anterior y menos destructivo.

En ambos casos, la dinámica fluvial tardará muchos años en asentarse de nuevo y cualquier infraestructura nueva debería alejarse de su instalación en los márgenes sedimentarios, considerándose estos muy poco seguros.

El derrame

La construcción de la presa CocaCodo Sinclair fue una obra de enorme impacto ambiental, con una gran intervención el el paisaje. En el estudio de sus dinámicas se debió prever qué le ocurriría al río una vez represado, aguas abajo.

La modificación de las cargas sedimentarias y la dinámica geomorfológica producto de la construcción de una presa es una cuestión medioambiental central en la consideración de cualquier río que se vaya a represar. Ante los eventos sucedidos nos preguntamos qué tipo de sinergias hubo entre los responsables de la infraestructura Coca Codo, que iba a modificar y efectivamente modificó la dinámica sedimentaria y erosiva del y los responsables del poliducto, que debían revisar las condiciones de los tubos y su asentamiento, para valorar si debían moverlos o reacondicionarlos. La dinámica natural de la geomorfología de la cuenca del Coca se conoce por todas las partes como de las más delicadas y dinámicas del mundo, y estas cuestiones deberían haberse tratado en común entre los responsables de las infraestructuras, así como los responsables gubernamentales de evaluar los riesgos y efectivamente ser reguladas y tuteladas por el Ministerio del Ambiente.

La Cascada de San Rafael corría un riesgo, pero no era lo único que lo corría. A lo largo de la quebrada que asienta el Coca, la carretera acompaña a la importantísima infraestructura de transporte de crudo, que desde hace más de cincuenta años se viene implementando con el continuo aviso de los científicos en cuanto al riesgo enorme que supone. La construcción de estos oleoductos tendría en su momento estudios de viabilidad en los cuales se adecuara la construcción a la dinámica sedimentaria y erosiva del momento de construcción y los períodos de recurrencia de las avulsiones y crecidas, en base a estudios climáticos e hidrogeológicos. En esos estudios de carácter continuo se debían considerar a las infraestructuras adyacentes con respecto a la modificación del aporte sedimentario y la dinámica erosiva, y comprobar si se tenían en cuenta las mismas; y si se tenían en cuenta, hasta qué punto; y cómo los responsables del poliducto y otras infraestructuras adecuaban las mismas en sinergia con la construcción de la presa.

Cuando el evento erosivo en San Rafael se produjo fue muy sorprendente que no se realizara un reasentamiento de emergencia de las tuberías. Incluso si hubiera sido un proceso totalmente natural no acelerado por la acción antrópica, esa infraestructura del SOTE, así como la carretera, peligraban y debían tener un monitoreo mucho más exhaustivo de lo que se ha demostrado que se tuvo. Ningún proceso geomorfológico es completamente natural en un paisaje antropizado; un proceso geomorfológico modificado en su más íntima raíz -el aporte sedimentario a una cuenca en este caso- debe producir un reacondicionamiento y revisión de las infraestructuras asentadas en sus formas del relieve. La presa modificó la dinámica geomorfológica. Existían infraestructuras en riesgo, incluso sin la modificación del patrón natural. La infraestructura del SOTE no se reacondicionó ni revisó de forma adecuada después de la evidencia del aceleramiento en los patrones erosivos. El aceleramiento del proceso erosivo natural produjo finalmente la rotura del tubo y el consecuente derrame.

Estos poliductos han sido objeto de debate y crítica por la práctica totalidad de los científicos del territorio: vulcanólogos, hidrogeólogos, geomorfólogos, geógrafos, climatólogos, ingenieros… todos ellos de forma independiente señalaron durante años el extremo riesgo que suponía la instalación de los distintos oleoductos y otras infraestructuras en esta región. Abundante bibliografía independiente al respecto de este consenso científico en relación al riesgo que suponen estas infraestructuras. Las tuberías de esta infraestructura se encontraban en 0°06’30.1″S 77°35’28.1″W a 1.250 metros del evento del 2 de febrero, en un recodo de muy alta energía del río, en una pendiente muy pronunciada, a menos de 50 metros de la orilla del río, en su zona de inundación, sobre un material altamente deleznable y erosionable y cortando el cauce de un río tributario. Cualquiera de estos hechos habría sido suficiente por sí solo para realizar una reconsideración y replanteo de la infraestructura. En el momento en el que se produce el evento inicial de la erosión regresiva, con la caída de una cascada de 150 metros aguas abajo, las medidas de revisión y en su caso cierre y reubicación deberían haber sido inmediatas. Los ríos tienden a incidir el cauce hasta encontrar la mínima pendiente, y este debía salvar 150 metros erosionando y remontando la zona de acumulación sedimentaria que había sufrido un manejo irresponsable en su dinámica. El 7 de abril de 2020, más de dos meses después de la caída de la cascada, se produce lo que era más que previsible: el retraimiento del cauce por la erosión remontante termina destruyendo las tuberías y produciendo un evento mayor de contaminación. Se derramaron 16.000 barriles a la cuenca, produciendo un desastre adicional al de la cascada.

Los responsables de la infraestructura consideraron que incluso ante el formidable aviso que había producido el evento, no se debía realizar ningún cambio en la infraestructura, y se continuó bombeando. No es que no se revisara o tratara de reubicar la infraestructura, es que ni siquiera se había cerrado el paso del transporte, ignorando por completo la voz pública y científica que advertía por todos los medios de este riesgo. A las afectaciones al paisaje y la economía regional se unen las afectaciones humanas y socioculturales.

Final

La erosión remontante continua agudizando el cauce para reducir su pendiente y desestabilizando sus laderas, destruyendo cualquier infraestructura que se coloque en las formas fluviales del río Quijos/Coca. Este proceso continuará indefinidamente y no puede pararse de ninguna forma, sino preverlo y reconsiderar la actividad. Adaptarse a este evento de larga duración para producir las menores afectaciones futuras es el deber de la sociedad con respecto a la naturaleza.

Los oleoductos y poliductos, carretras y zonas de habitación estarán expuestos nuevamente con el avance de la erosión por los afluentes Montana, Marker y río Malo. La erosión avanzará aguas arriba hacia las faldas del Reventador y eso será un problema latente para esas infraestructuras y la vía. No se sabe cómo los responsables adecuarán estas infraestructuras a la nueva naturaleza de la quebrada.

Ningún evento geomorfológico es natural en un territorio antropizado; y todavía menos puede serlo cuando se modifican y hurtan los factores fundamentales que forman parte de su propia evolución geomorfológica. En el pasado se han producido pérdidas económicas y humanas que serían fácilmente evitables si los actores territoriales tomaran en cuenta las recomendaciones de los científicos y expertos, que sólo deseamos el bien y el progreso de nuestra sociedad.

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